Primera parte aquí.

Es claro que si nos interesa generar un cambio verdadero éste pasa necesariamente, como en otros ámbitos ya se ha señalado, por una revolución cultural, por ello necesitamos convertirnos en seres mediáticos y mediatizar la ideología, hacerla accesible, aprovechando las ventajas tecnológicas de la actualidad y la coyuntura cultural-mediática de la que hablamos. Convertir la ideología en algo atractivo sin que esto signifique perder legitimidad.

Muchos de los avances en ciencia y tecnología se han dado gracias al mismo interés con el que hoy nos movemos quienes buscamos el llamado “cambio verdadero”, el de buscar un beneficio para la humanidad, una mejora en nuestra calidad de vida y la de nuestros semejantes. Tarde o temprano dichos avances fueron arrebatados por el sistema para servir a sus intereses, pero ese no era su fin original. Esto lo sabían los ideólogos de los siglos XIX y XX, quienes aprovechaban todos los medios a su alcance, medios que muchas veces ya eran identificados con el sistema, para llevar a cabo la revolución cultural en turno, siempre buscando distinguirse en el contenido y sobretodo en el marco de pensamiento, muchas veces dando nuevo significado a las palabras o al medio mismo. Aunque la forma, es decir el medio, sea parecido; el mensaje, el lenguaje y la manera en la que se utiliza sirven para determinar su valor, dando origen a innumerables expresiones: muralismo, cartón político, panfletos, periódicos, canción de protesta, documental, en fin, la cultura de los movimientos sociales es rica en ejemplos.

Estas expresiones se han hecho con base en un análisis de la realidad, decidiendo la forma a partir de las necesidades y capacidades de la sociedad del momento. Así, se prefiere utilizar expresiones visuales cuando la población a la que se pretende llegar no sabe leer, al igual que se utiliza la música para exaltar el espíritu de lucha y favorecer un efecto emocional en las terribles condiciones en las que el sistema puede sumir a un pueblo. El medio es inherente de las necesidades socio-políticas, de su contexto, de su mensaje y de sus objetivos, no de su ideología.

Son los movimientos sociales la tierra fértil, abonada con un marco de pensamiento que rompe los paradigmas impuestos por el sistema, donde siempre han florecido las expresiones que toman en cuenta esta condición. Vemos así música, pintura, gráfica, textos, que llevan ese espíritu de que, como proclamó Clara Campoamor, política española, “La libertad se aprende ejerciéndola”. Vemos también como poco a poco se van sumando otras formas de expresión como el video, el foto montaje, la animación, la infografía animada, o incluso el videojuego. Ahí están también las imágenes con texto conocidas como “memes” se han vuelto muy populares y han conseguido plantear y difundir la inconformidad con diversas situaciones del país, abordando los hechos con una fuerte crítica en tono satírico.

Si bien el internet y los medios electrónicos son aún poco accesibles para buena parte de la población no son los únicos medios libres que permiten llegar a las masas. Durante toda la historia de la humanidad el medio para contrarrestar la desinformación que el sistema emite ha sido la calle. Así lo han demostrado los movimientos sociales y políticos a lo largo de la historia, reuniendo diferentes actividades, cada quien en su respectiva labor, para constituir verdaderos festivales cívicos, algunos de los casos más recientes son el movimiento #YoSoy132 y las marchas para exigir la aparición con vida de los 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa.

Estos movimientos además han logrado conectarse con la población con escasísimos recursos financieros y materiales, pero haciendo gala en cambio de una enorme creatividad, tanto en los medios digitales como en las calles. Con propuestas populares y en muchos casos alegres han formado consciencia, que a su vez deriva en una ciudadanía activa, participativa, informada e incluyente; y para qué estamos buscando un cambio real en nuestro país y en el mundo, si no es para encontrar la felicidad, la tranquilidad, la realización y la trascendencia.

Ahora que la televisión agoniza es tiempo de ofrecer alternativas para estar informados, educados y, porqué no, entretenidos con contenidos del pueblo y para el pueblo y a mi parecer los medios al alcance son diversos, si se utiliza lo aprendido a lo largo de décadas de resistencia ante el gigante hoy caído y se convierten los diversos esfuerzos individuales y colectivos en un plan organizado de carácter nacional. Se reciben propuestas.

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Xolotli

I’m a bilingual digital artist & designer, with over 10 years of experience in graphic design, illustration, concept art and creative communication projects production, for printed, multimedia and digital platforms.

1 Comment

Ya no vemos Televisa… ¿Y ahora? I/II – Xolotli · enero 21, 2016 a las 9:17 pm

[…] Segunda parte aquí. […]

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