Hace ya algunas décadas que en México se señala a Televisa como el principal medio de control que el sistema político-económico tiene sobre la población; para mantenerla ignorante de la realidad del país y de sus propios derechos, para atacar a quien contravenga a sus intereses, para ocultar la corrupción y la gran brecha social y para entrenar y formar personas perfectamente alineadas con el estilo de vida que al sistema conviene; alienación y enajenación son su bandera.

La “fábrica de sueños” durante mucho tiempo ha sido un opio más efectivo que cualquier religión, llenando a los mexicanos de “valores” a modo, aspiraciones que convenientemente van de la mano con el principal sustento del mismo sistema: el dinero.

https://amlocampeche.files.wordpress.com/2009/11/no_veas_television.jpg?resize=359%2C375Ante esto, las voces que se han venido multiplicando con los años, no sólo alertan con datos en la mano como los académicos, sino también con la propia experiencia empírica, tal es el caso de las comunidades indígenas que se ven reflejadas en ella de una manera grotesca y colonialista, o el de la actitud cívica misma, siendo ridiculizada y difamada, convirtiendo a la participación ciudadana en casi todas sus formas en una actividad que raya en lo delincuencial, sobre todo a la protesta, dejando como única opción políticamente correcta el voto: “vota o cállate”.

En los últimos años estas voces de alerta se convirtieron en un clamor, enarbolando lo que ha llegado a ser un mantra tanto para ciudadanos conscientes como para líderes y dirigentes sociales y políticos que no están comprometidos con el sistema: “No veas televisa”.

Con la fabricación de un presidente, Peña Nieto; hasta los más despistados cayeron en la cuenta de cómo la televisión, y televisa en particular, forma la opinión de la población, entrena desde la niñez y sigue dictando designios a la mente y las emociones de las personas hasta la vejez. El intentar ocultar la mediocridad del “producto” convertido en candidato era querer tapar el sol con un dedo y como en el cuento “El traje nuevo del emperador”, una vez llegado al poder, el “gobernante” se vio desnudo ante una multitud atónita y, con el pasar de los días, indignada.

A esto se sumó el esfuerzo de muchos periodistas comprometidos sólo con su labor, quienes arriesgando desde el empleo hasta la vida, y en demasiados casos perdiendo uno u otra, buscaron y encontraron los medios para sacar a la luz y con pruebas en la mano gran parte de la corrupción y la descomposición del sistema político.

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Actualmente la televisión pasa por una de las peores crisis en su existencia. El internet ha conquistado el tiempo de niños,

adolescentes y jóvenes, al menos en sus ratos de ocio, quitando así una gran rebanada de las tan valiosas audiencias de las que depende la televisión al momento de determinar el valor de su tiempo y su publicidad. Además la escandalosa pérdida de credibilidad que han sufrido sus espacios noticiosos ya se ve reflejada también en los anunciantes. Comprar tiempo en televisión ha dejado de valer cada centavo, o mejor dicho cada millón de pesos, para sus cada vez menos anunciantes.

Este cambio está notablemente segmentado por las características socio-demográficas de la población, pero es un hecho que va avanzando sólidamente. Desafortunadamente ante esta coyuntura cultural no existe un plan, por parte de ninguno de los actores interesados en el cambio, para captar y educar positivamente a la población que poco a poco va abandonando la televisión como su principal medio de información, entretenimiento y, porqué no decirlo, de formación. El problema es que sólo se va reemplazando un único medio por otro; la televisión por el video bajo demanda; unos pocos canales por una lista un tanto más amplia de opciones, las cuales sin embargo siguen sirviendo al mismo sistema, en tanto que promueven los mismos valores y aspiraciones, se privilegia el consumo y el dinero como máximo logro. Antes, durante y después de cada “videoblog”, sketch de comedia, tips de belleza, comentario sobre películas, o lista “top” que vemos en Youtube se nos presenta un comercial, de esos que poco a poco también vienen migrando desde la televisión, pero que al final tienen el mismo objetivo: vendernos algo; algo más que sólo un producto, vendernos ideología; el american way of life como sinónimo de libertad y realización.

Se fué Laura Bozzo, se fué Chabelo, se fué el “gran hermano”; el viejo modelo de contemplación pasiva que hacía a la televisión tan gratificante como una droga está en decadencia, el apagón analógico ha sido otro factor con todo y las teles que el gobierno vendió (porque las cobró en impuestos) a sus clientes predilectos, los “beneficiarios” o mejor dicho, las víctimas de los programas de la SEDESOL. Aún con todas estas señales da la impresión que a los sectores que hemos combatido su influencia negativa en la sociedad nos ha tomado por sorpresa, el cíclope electrónico se veía tan grande, fuerte e influyente que parecía invencible y ahora que vemos como poco a poco se derrumba no alcanzamos a reaccionar, no lo creemos o peor aún, no lo entendemos. En el hipotético caso de que nos topáramos con alguna de las personas a las que les recomendábamos con insistencia que ya no vieran la tele bien podrían respondernos: “Ya no vemos Televisa, ¿Y ahora?”

Segunda parte aquí.

Categorías: ArtículosLetras

Xolotli

I’m a bilingual digital artist & designer, with over 10 years of experience in graphic design, illustration, concept art and creative communication projects production, for printed, multimedia and digital platforms.

1 Comment

Ya no vemos Televisa… ¿Y ahora? II/II – Xolotli · enero 18, 2016 a las 9:00 pm

[…] Primera parte aquí. […]

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